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2/25/20
Autor: Reelance

Aceite de semillas de uva

Lo primero que a muchos se nos viene la mente cuando escuchamos la palabra uva, y eso no necesariamente nos vuelve alcohólicos, es el vino. Solemos ignorar muchos de los productos que también se elaboran gracias a las sustancias naturales, más de doscientas, que posee la uva (vitis vinífera). Y uno de esos productos, que ha gozado de cierta reputación entre dermatólogos y que tuvo beneficios inesperados para la cosmética capilar, es el aceite de semillas de uva. Entrando en materia, y siendo honestos, hay que aceptar que realmente serían muy pocos los que relacionarían este fruto de la vida con el cabello.

El aceite que se extrae, generalmente por prensado en frio, de las semillas de las uvas que no se aprovechan en la elaboración de vinos se le conoce como aceite de semillas de uva. Es un aceite vegetal, utilizado usualmente para la cocina o para la piel, de buenas cualidades cosméticas para el cabello, pues tiene poco olor y poco color. Este extracto comprimido de la uva contiene taninos, elementos minerales, ácidos orgánicos, y ésteres de vitamina (como el grupo de vitaminas b que están estrechamente ligados a los pigmentos coloreados) y se le emplea cosméticamente en virtud de su contenido alto en ácidos grasos no saturados.

Enfocándonos más en el sentido cosmético capilar, hay que decir que el aceite de semillas de uva es un preparado que sirve para tratar el cabello seco. En su aplicación externa capilar tiene como fin proporcionar sustancias que formen en la superficie cutánea del cuero cabelludo una base de acción lubricante que lo engrase, lo flexibilice y mejore su aspecto. A esta función cosmética y correctiva se le agrega otra de orden preventivo contra los agentes agresivos externos, especialmente los que están relacionados con el clima. A un nivel mediato, el aceite de semillas de uva modera la influencia dañosa de los rayos ultravioleta.

Para comprender su acción es pertinente recordar algunos conceptos relativos a la penetración y absorción de los cuerpos grasos, pues no todos los aceites son de igual utilidad para el uso en el cabello y en el cuero cabelludo. De todos los aceites vegetales, el elaborado con semillas provenientes de la uva es en especial muy aprovechable por su capacidad de penetrar e impregnar las capas más superficiales del cuero cabelludo.

No hay que utilizar ingenuamente el criterio culinario de nutrición del organismo para explicar la acción del aceite de semillas de uva sobre el cabello. Al usar externamente el aceite debemos evitar pensar que el cabello se nutre, o que estamos alimentando nuestra cabellera desnutrida. El antiguo concepto de nutrición por vía externa se interpreta en la actualidad con un matiz exagerado, alimentado por la cosmética no científica, la cual promueve sustancias a veces completamente ajenas a la posibilidad de ser incorporadas y metabolizadas por el tejido del cuero cabelludo. Muchas generaciones de mujeres y hombres se han untado los cabellos con productos, hecho con grasas minerales por ejemplo, aceitosos, con la convicción de estar alimentando el cabello. El cuero cabelludo, se nutre desde el interior por su irrigación vascular y sus sistemas linfáticos. Hay que partir mejor aclarando que el aceite elaborado a partir de las semillas de la uva no es un “alimento capilar”. Sería más un lubricante capilar en su uso externo.

Este aceite entonces puede penetrar en todas las áreas de la membrana capilar gracias a su fuerte contenido de lípidos. Esta característica permite que los componentes, ya presentes en las semillas, se transporten a través del cuero cabelludo en una mayor cantidad debido a que no se diluyen con el agua. Gracias a la transportación de lípidos es que ayuda con el tratamiento del cabello seco, quebradizo, difícil de peinar, y fácilmente electrizable con puntas normalmente abiertas. Su función lubricante permite reestablecer el equilibrio en la cantidad de sebo producido en los folículos pilosos, evitando la seborrea excesiva y proporcionando brillo al cabello. Hay muchas personas que no gustan de los aromas contendidos en algunos productos capilares, esto no es un problema con el aceite de semilla de uvas ya que es inodoro casi en su totalidad.

En su versión más elaborada, es decir, en la fabricación de shampoo de uva, se mezclan los distintos glicéridos de la uva con ácidos grasos libres, con alcoholes, con esteroles, con hidrocarburos o con vitaminas en proporción diversa según la fórmula. Estos glicéridos tienen la capacidad de impregnar el cuero cabelludo y de penetrar dentro de los conductos sebáceos pudiendo llegar hasta la glándula. Casi no hay permeabilidad, pero se obtiene una adecuada lubricación superficial, mejorando la apariencia del cabello y contribuyendo a impedir la caspa. La penetración será más adecuada gracias al tipo de lípidos que están presentes en la uva. Aunque en su constitución y forma de presentación se diferencian, todos los shampoos que contienen uva llevan este tipo de lípidos penetrantes y emolientes.

La tendencia actual es la de preferir shampoos o emulsiones semigrasas, es decir, emulsiones de aceite en agua. Particularmente el aceite de uva es un gran elemento para conformar este tipo de emulsiones, que al mezclarse con lecitina, colesterol y lanolina permiten la evaporación de la fase acuosa cuando impregnan el cuero cabelludo. Estos tipos de emulsiones, adecuadamente formuladas, pueden actuar como emolientes y lubricantes, con la ventaja de dejar una película menos brillante y más hidrosoluble, útil en el cuero cabelludo que no sufre tanto de resequedad extrema.

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